Publicacion 2017

Proyecto Seguridad Alimentaria

LA DIETA DE LA MUERTE: MORIR COMIENDO

(Una aproximación a la sociología de la alimentación)

Por Joaquin Saravia Calderón

Resumen

El artículo representa una reflexión preliminar sobre la sociología de la alimentación que enlazada a problemas de salud y deficiencias en la atención hospitalaria es entendida como un problema social. Para ello se consideran factores macro vinculados al desarrollo del país y factores micro donde figura la migración, consumo de alimentos, oferta alimentaria, capacidad de gasto y cultura alimentaria. Para su desarrolló se utiliza los resultados de una encuesta que se aplicó a 469 estudiantes de la UPEA en la gestión 2013 y las entrevistas sostenidas con diez vendedoras de comida ubicadas en las cercanías de la UPEA.

1. Contextualización del tema

1.1. La mala alimentación: la configuración de un triángulo mortal

Comencemos el presente trabajo con las siguientes expresiones registradas en medios impresos:

 “EN BOLIVIA EL 62% DE LAS PERSONAS TIENE SOBREPESO U OBSESIDAD” (La Razón. 13-02-2011)

  • “INDICE DE DIABETICOS ALTEÑOS SUBIO CERCA AL 100 POR CIENTO” (Cambio. 18-06-2011).

Probablemente para algunos estas noticias pasen por una nota periodística más, pero  lo cierto es que trae consigo  la ocasión para visibilizar la existencia de un terrible problema social y el surgimiento de un nuevo objeto de estudio para la sociología. Utilicemos un esquema de ilustración y posteriormente desarrollaremos brevemente este problema

EL TRIANGULO MORTAL

DE LA MALA ALIMENTACIÓN

Pobreza                                Déficit de

Atención hospitalaria

a) La arista de la enfermedad

Actualmente en el mundo profesional de la salud una de las causas de la morbilidad y mortalidad es atribuida a la calidad alimenticia. Muchos males como la diabetes, hipertensión, taquicardia e infartos son atribuibles a la ingesta no apropiada de alimentos. De acuerdo al cardiólogo Felix Loza  “la diabetes, la obesidad, la hipertensión y el colesterol tienen como elemento transversal la mala dieta. El diabético tiene una alta probabilidad de sufrir un infarto porque el tejido cardiaco está permitiendo que por sus arterias  circule una mermelada (sangre con azúcar). Un  diabético tiende a desarrollar presión alta y sus indicadores de colesterol son elevados porque es propenso a acumular grasa” (La Razón. 18-02-2011). Diabetes, presión alta y colesterol elevado son las tres enfermedades que en los últimos años han incrementado el índice de infartos  cardiacos en la población.

La diabetes se ha convertido prácticamente en un problema social. “Cada 10 segundos, 2 personas desarrollan diabetes en el mundo sumando un total  de 220 millones. Cada año, 4 millones mueres por el mal y más de la mitad de los decesos pudo evitarse” (Ibid.). En nuestro medio, debido al estilo de vida,  “la gente come cualquier cosa en la calle, no hace ejercicio y eso les predispone a que desarrollen diabetes” (Ibid). Según los profesionales, la ingesta de alimentos con alto índice calórico, ricos en carbohidratos simples y en grasas como la papa, arroz y fideo  influyen en ese mal.

Cuando se manifiesta la diabetes se desata una serie de complicaciones, la insuficiencia renal es una de ellas, convierte al enfermo en candidato a la hemodiálisis, y su agravamiento puede conducir a la ceguera o provocar complicaciones en los pies, pudiendo en el caso extremo desembocar en su  amputación.

La hipertensión arterial es otra de las manifestaciones del cuadro clínico derivado de la mala alimentación. Quienes la padecen sufren mayor presión en la circulación de la sangre por la arteria, pueden desarrollar problemas cardiacos y cuando se llega al deterioro de los vasos a nivel renal ocasionar insuficiencia renal. La hipertensión es la segunda enfermedad que eleva el número de infartos. “No tiene nada que ver con el estado de ánimo o la altura, está relacionado con tres factores: La herencia, la edad (mientras más viejo es uno, las arterias se vuelven más duras y la sangre tiene dificultad para circular) y el consumo de alimentos” (Ibid).

b) La arista de la pobreza

Quien crea que lo anterior es sólo un problema clínico está muy equivocado, en todo caso, conforme pasa el tiempo se está convirtiendo en un problema social y cultural, al mismo tiempo, un campo de especialidad expectable para cientistas sociales. Como en el caso anterior, iniciemos este punto con los siguientes titulares de prensa:

  • “150 MILLONES EN BANCARROTA POR GASTOS MEDICOS” (La Razón. 12-12-2010)

  • “SIN DINERO POR ENFERMEDADES. Nestor perdió todo su capital por pagar su tratamiento renal”  (La Razón. 12-12-2010)

Según un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS), cerca de 150 millones de personas en el mundo incurren  en “gastos catastróficos” por causa de cuentas médicas. De ellas, 100 millones se ven obligadas a vivir por debajo del umbral de la pobreza. En situación de pacientes las personas comienzan a gastar más de lo que disponen debido al problema de salud, venden propiedades, terrenos y pierden su capital (La Razón. 12-12-2011).

En Bolivia los casos son numerosos, apelemos sólo a dos casos para ilustrar este asunto.

Caso 1

“Me detectaron hace dos años. Yo no conocía el mal. Los médicos me dijeron que mis riñones dejaron de funcionar y que tengo insuficiencia renal. Tenía un capital de 50 mil bolivianos, pero todo ese dinero se terminó pagando el tratamiento en la clínica y los medicamentos. Cuando eres enfermo renal la vida cambia, debido a esto, por ejemplo, no puedes trabajar, porque luego de la sesión se siente débil y se siente calambres que son muy dolorosos” (La Razón. 12-12-2010).

Caso 2

“Mi hijo (uno de los seis que tiene) es el único que me mantiene. Él ha pedido un préstamo del banco para pagar los gastos y así pueda curarme. Poco a poco ha pagado pero no tenemos dinero. El paga los insumos, los medicamentos y los exámenes que necesito. Gasto un promedio de 100 bolivianos por sesión. Aunque a veces se gasta más porque se necesita comprar un filtro que vale  180 bolivianos que dura para tres o cuatro sesiones, un anticoagulante llamado heparina que vale 50 bolivianos, dos agujas para cada sesión, guantes” (Ibid).

Como se ve, existe una relación entre el deterioro de la salud y los gastos económicos, pero esa relación a su vez se halla transversalizada  causalmente por la inadecuada alimentación, ésta se ha convertido en una caja de pandora al visibilizar  un séquito de males y problemas, especialmente vinculados a la enfermedad y  a la pobreza.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.